Es muy habitual preguntarnos si dormir sin almohada es mejor que con ella. Aunque para los bebés se suele indicar que no duerman con almohada (esto se debe a que por su tamaño existe una importante desproporción entre su cabeza y su cuerpo que hace que su espalda quede recta) a medida que nos hacemos adultos aumentamos nuestra dependencia de un soporte que eleve ligeramente nuestro cuello.

La comunidad médica indica que, para los adultos, se puede optar por dormir sin almohada en muy pocos casos. Únicamente, en personas duerman boca arriba, se muevan poco en la cama y que tengan una complexión física muy menuda. Para el resto, dormir sin almohada haría que nuestra cabeza colgará ligeramente, inclinando el cuello y forzando una postura antinatural durante muchas horas.

¿Por qué no se debe dormir sin almohada?

El principal factor que determina un buen descanso, es la correcta alineación de espalda y cuello, que haga que al acostarnos la columna vertebral al completo (desde las cervicales hasta el final de la espalda) quede recta como cuando estamos de pie, pero sin la presión del peso sobre los discos. Para ello, será necesario que en mayor o menor medida utilicemos algún tipo de soporte que eleve ligeramente la cabeza y de soporte al cuello.

Por otro lado, el cuello es una zona del cuerpo dónde convergen una gran cantidad de músculos, articulaciones y ligamentos, soportando una gran presión y dónde se acumulan tensiones en nuestro rutina diaria. Para que estas estructuras se relajen durante el sueño, deben permanecer en una posición lo más cómoda posible. El uso de una buena almohada aliviará la presión y hará que esas tensiones se liberen.

No obstante, esto tampoco quiere decir que cualquier almohada nos sirva. Es muy importante conocer que almohada es la más adecuada para nuestra forma de dormir, fisionomía y necesidades.
Una almohada incorrecta puede ser peor que dormir sin almohada.

Qué debemos considerar a la hora de elegir almohada

SI DUERMES DE LADO

Más del 75% de las personas mayores de 20 años duermen de lado. Esta postura, también conocida como posición cúbito lateral o fetal, nos obliga a tener un exceso de presión sobre los hombros y caderas, además de un aumento considerable de la altura a la que está nuestra cabeza con respecto al colchón. Al tener esta altura, nuestra cabeza tiende a ladearse o a descolocar nuestro brazo para suplir esa diferencia de altura. Esto provoca un desvío a nivel cervical en nuestra columna vertebral lo que se transmite en dolores cervicales, las conocidas torticulis, problemas respiratorios, etc etc.

Dormir con la almohada correcta corrige estas desviaciones, evita movimientos excesivos por la noche y alivia múltiples dolores derivados de una mala postura. En algunos casos, para esta postura también se recomienda colocar una almohada blanda entre las piernas de forma que se corrija la posición de la cadera.

Para los que dormís de lado, os dejamos un truco para elegir el grosor adecuado de la almohada:

1. Colócate de pie y de lado contra una pared, de manera que el lateral de tu hombro esté en contacto con la misma.

2. Mira al frente de manera que el cuello quede completamente estirado y recto en paralelo a la pared.

3. Usa un metro para medir la distancia entre la pared y tu oreja.

4. Al resultado habrá que sumarle entre 2 y 4 centímetros, en función de la dureza de la almohada que vayas a escoger.

 

SI DUERMES BOCA ARRIBA

Para las personas que duermen boca arriba o se mueven mucho en el transcurso de la noche, lo recomendable es una almohada de firmeza media y grosor intermedio.

 

SI DUERMES BOCA ABAJO

En el caso de que duermas boca abajo (algo poco recomendable) lo más adecuado es usar una almohada blanda y fina, que no obligue al cuello a inclinarse hacia detrás.

 

Además del grosor y la firmeza, hoy en día, hay multitud de materiales, acabados y tejidos que potencian las cualidades de una almohada. En este otro artículo, os dejamos una pequeño resumen que os puede ayudar a la hora de elegir vuestra almohada.

 

 

Otro factor que tenemos que tener en cuenta es la vida útil de nuestra almohada. La almohada es uno de los elementos de nuestro sistema de descanso que, erróneamente, menos tendemos a cambiar y que más perjudicial puede ser para nuestro descanso, y por ende, para nuestra salud. Con el paso del tiempo, el uso y los lavados, las almohadas van perdiendo sus propiedades de firmeza y adaptabilidad. Por ello es conveniente renovarlas cada 2 años.

Finalmente, una última reflexión: en muchas ocasiones, tendemos a comprar un mismo juego de almohadas para nuestra cama de matrimonio, sin darnos cuenta de que cada miembro de la pareja tiene una complexión diferentes. Lo recomendable es que cuando durmamos en compañía usemos almohadas independientes y adecuadas a las necesidades de cada uno.

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