Cada vez son más frecuentes los viajes de largas distancias, donde cambiamos de franja horaria y sufrimos el famoso “jet lag” o síndrome de descompensación horaria. Se trata de un desequilibro en el cuerpo producido por la diferencia entre el reloj interno de una persona (que marca los periodos de vigilia y sueño) y el nuevo horario y actividad que se tiene, al viajar largas distancias a regiones horarias muy diferentes. Si además tenemos hijos pequeños la cosa se complica aún más, pues los pequeños suelen padecerlo en mayor medida.

Está demostrado que nuestros cuerpos pueden soportar y adaptarse hasta a dos cambios de región horaria en un periodo de 24 horas, pero si nuestro viaje nos lleva mucho más lejos, más allá de 2 o 3 cambios de zona horaria, es cuando nuestro cuerpo empieza encontrar grandes dificultades para mantener su rutina de sueño viajando.

En viajes largos es importante intentar adaptarnos lo antes posible. Intenta durante el día de salida de tu viaje ajustar el sueño el mayor numero de horas posible, es decir, dormir lo justo. Y en el día de llegada, aunque estés cansado, no te costará nada terminar de adaptar la diferencia de horas que te quede. Si hay una gran diferencia de horas, una leve siesta puede solucionar el problema.

Con los más pequeños es un poco más complejo. En los viajes cortos, apenas notarán las diferencias de sueño, pero bastará con que hayan echado una buena siesta antes de salir. Sin embargo, en los viajes más largos, lo más recomendado es ajustar sus siestas poco a poco, restando o sumando cortos periodos de tiempo para que se ajusten al horario adecuado. Con el descanso nocturno debemos buscar la adaptación más rápida posible. Para ello si solemos despertarle a las 8 am todos los días intentaremos que se despierte a esa misma hora en nuestro destino (hora local) sin importar la franja horaria en la que nos encontremos. Las horas perdidas o ganadas de sueño las adaptaremos de nuevo con las siestas.

Ármate de paciencia, porque esto no evita que estos cambios afecten a la actividad de los niños. Probablemente se volverán un poco más revoltosos. Un consejo es llevar algunas cosas de casa contigo. Sus mantas, juguetes, o objetos que vayan a echar de menos y puedan hacer más llevadera esos pequeños momentos de frustración.

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