Los colchones de agua fueron un boom durante las décadas de los 70, 80 y 90, su mito tan difundido como su desconocimiento, llamaba la atención a todos y se convirtió en uno de los productos más demandados en Estado Unidos.

Pueden ser de dos tipos, de lados duros o lados blandos, siendo estos últimos los más extendidos ya que se forran con una carcasa que disimula al colchón y este parece una cama convencional y no desentona con la decoración del dormitorio. Este tipo de colchones son algo desconocido y aunque habitualmente pensemos en que su uso es poco práctico y están demodé tienen ciertas ventajas y desventajas.

Por ejemplo, para personas con alergias a los ácaros este tipo de camas son ideales ya que tienen nula presencia de bacterias y su cuidado es diferente al de un colchón viscoelástico.  Aun así dormir en pareja se hace complicado, ya que cualquier movimiento que se haga repercutirá en el descanso de la otra persona.

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Un mito muy extendido es su poca duración, y es cierto, la vida media de una cama de agua no supera un lustro, además tienen un precio muy elevado y su mantenimiento hace que el precio se incremente aún más.  Una cama de agua necesita un somier especial y una manta conectada a la luz para que cuando te acuestes, no sientas que reposas sobre el agua de un río en pleno deshielo.

“La temperatura a la que debería de mantenerse es entorno a los 30 grados centígrados”

Sus defensores, mantienen que entre otras muchas virtudes, al ser agua la presión sobre las articulaciones y sobre la columna desaparecen. Ese era en un primer momento el contexto por el que se crearon a finales del siglo XIX aunque su uso y comercialización llegó en la ya mencionada década de los 70. Muchas personas tienen la imagen de que los colchones de agua además de incómodos y caros su uso no va mucho más allá del cinematográfico. Pues bien antes del siglo XIX, culturas como la persa, dormían sobre pieles de cabras que rellenaban con líquido, por lo que podemos decir que fue el primer prototipo de colchón de agua.

En definitiva, los colchones de agua pueden tener algunas ventajas pero si observamos la oferta actual existente de colchones y de sus múltiples materiales encontramos en el mercado camas con un mejor precio y que además tendrán una mayor vida útil. Algunos materiales como el látex son ideales para aquellas personas alérgicas a los ácaros y los viscoelásticos ayudan a reducir la presión sobre la espalda y las articulaciones. Materiales como el talalay o el viscogel suplen esa necesidad, además tienen la ventaja de que no debes de enchufarlos a la corriente para calentarlos.

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